lunes, noviembre 13, 2017

Si no lo explicas, no lo sabes.




“Si no puedes explicar algo de forma sencilla, es que ni tú mismo lo has entendido lo suficiente”
Albert Einstein





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martes, noviembre 07, 2017

Kennedy y la eterna conspiración; Navarro Valls.






http://www.elmundo.es/opinion/2017/11/02/59f9fe61e2704e85018b46a4.html


Nos espera una buena: ¡otra avalancha bibliográfica sobre John F. Kennedy! Si 40.000 es aproximadamente el número de ensayos, libros y artículos escritos hasta ahora en torno al presidente asesinado en Dallas, la desclasificación documental ordenada por Donald Trump (2.891 documentos publicados, más 200 a punto de hacerse) -que previsiblemente serán devorados por una nube de comentadores, incluido un servidor- hará elevar en flecha ese número.
Siempre he sostenido que la pregunta ¿quién mató a Kennedy? debería sustituirse por ¿quién era en realidad Kennedy? A esta segunda pregunta he intentado responder en otro trabajo, resaltando las luces y las sombras del malogrado presidente. Baste decir aquí que los tres balazos que acabaron con JFK en una calle de Dallas fueron el principio de una leyenda en la que, como suele ocurrir, hechos superpuestos a la objetividad de la persona fueron creando una neblina, que enterró al personaje entre los destellos pirotécnicos de la emotividad. Era inevitable que la figura del joven presidente fuera engrandecida por todos aquellos a los que hizo soñar con un mundo nuevo
Ahora -ante la mencionada desclasificación- conviene detenerse en la primera pregunta, ¿quién mató a Kennedy? Hay dos cuestiones en juego: 1) Si Oswald fue el único tirador de las tres balas disparadas; 2) Si hubo conspiración-extranjera o interna- en el asesinato del 23 de noviembre. Adelanto que, en mi opinión, es claro que el único tirador cuyas balas hicieron explotar el cráneo y la garganta de Kennedy fue el atormentado Lee Harvey Oswald.
El rifle Carcano utilizado contra Kennedy lo compró Oswald bajo el nombre ficticio de A. J. Hidell. Sus huellas aparecen claramente en el fusil, y en los libros en que lo apoyó en la ventana del depósito de libros escolares del Texas School Book Depository. La prueba de parafina es también concluyente: no hay duda de que Oswald disparó, al menos, un arma. Su mujer, Marina, admitió que el fusil utilizado para asesinar al presidente era de su marido. Precisamente, entre los documentos encontrados aparece una fotografía en la que el antiguo marine posa con las armas requisadas: el rifle con el que disparó contra el presidente y el revolver con el que asesinó poco después al agente Tippit, un oficial de policía que trabajaba en el Departamento de Policía de Dallas, y que dio el alto a Oswald 45 minutos después del asesinato de Kennedy. Varios testigos afirmaron que un hombre «joven, blanco y delgado» era el que disparaba desde una ventana del sexto piso, que hace ángulo entre Elm Street y Houston Street, con vistas perfectas sobre la caravana presidencial. En fin, en rueda de testigos, fue reconocido como la persona que disparó contra Tippit. Y el misterio de la bala mágica (la que de una tacada atravesó la garganta de Kennedy, impactó en la espalda del gobernador Connally y luego horadó su muñeca y el muslo izquierdo, apareciendo en la camilla del propio gobernador en el hospital) se aclaró con los informes de los expertos en balística del ejército. Por no decir nada de que, sumando los distintos francotiradores que aparecen en las tesis conspiratorias (disparando desde cuatro edificios diversos, una alcantarilla, varios montículos y pasos elevados, etcétera), Anthony Summers ha contado unos 30. Ninguno ha sido localizado. Son fantasmas que se pierden en la niebla.
No obstante lo dicho, sucede que la tesis de la conspiración fue poco a poco tomando cuerpo, de modo que parece que la cuestión a resolver, más que ¿quién mató verdaderamente a Kennedy? es -por la proliferación de candidatos- ¿quién no mató a Kennedy? (Vincent Quivy).
Veamos los protagonistas, según las tesis conspiratorias. Ya desde el principio comenzó a correr el nombre del vicepresidente Lyndon B. Johnson como instigador del crimen. Ciertamente, éste era un ególatra consciente de la animadversión de Bobby Kennedy y la simple tolerancia del presidente. Si fue elegido vicepresidente fue para aportar Texas a la candidatura del joven aspirante. Lo cual no impidió que algún asesor tan cercano como K. O'Donnell le espetara a Jack Kennedy: "Éste es el peor error que has cometido en tu vida". Luego, su figura se convirtió en algo así como "un tío soltero cascarrabias y rico, que se presenta en la casa inesperadamente y anuncia que ha venido para quedarse una buena temporada" (J. A. Barnes). Posiblemente, el asesinato del presidente -aparte de la conmoción por el peso que se le venía encima- no le produjo un gran dolor. Sin embargo, siempre fue leal a Kennedy. No hay ni un indicio de que conspirara a sus espaldas, y menos con la CIA, y eso cuando él mismo en su larga vida política siempre había creído en las conspiraciones. Lo cual acrecentó su inquietud cuando comenzó a ser señalado con el dedo acusador. Rápidamente creó una Comisión independiente, con equilibrio entre demócratas y republicanos, personalidades de prestigio, poniendo al mando al propio presidente del TS Earl Warren. Solamente la imaginación cinematográfica o literaria de los dos Stone (Oliver, película y Roger, libro;no tienen parentesco entre ellos) ha podido en serio lanzar la acusación contra Johnson.
También han ido poco a poco diluyéndose en callejones sin salida las teorías de lagran industria petrolera amenazada por una reforma fiscal en curso; de las industrias armamentísticas que necesitaban una escalada en Vietnam, a la que presuntamente se oponía Kennedy; de la mafia de Chicago, en peligro por la lucha contra el crimen organizado;de la KGB para vengar la humillación de la retirada de los misiles de Cuba; de un grupo de estadounidenses patriotas exasperado por la amenaza a la paz mundial que suponía la audacia irreflexiva del joven presidente... Por no hablar sobre la teoría que pone en el centro de la conspiración a Aristóteles Onassis (con quien se casó Jackie, al enviudar), en combinación con un grupo de siniestros illuminati.
Conviene detenerse ahora en la posible autoría de Fidel Castro, dado que la desclasificación documental narra más detalladamente un viaje a México de Oswald, en el que supuestamente se gestaría una intervención extranjera en el asesinato. Oswald estuvo allí seis días (26 septiembre a 5 de octubre, semanas antes del asesinato). Como observa Philip Shenon, Ciudad de México era por entonces una especie de versión latinoamericana de Viena o Berlín. Bullía de espías y las embajadas cubana, soviética y estadounidense se vigilaban mutuamente.
Cuando a Oswald le denegaron la visa para desplazarse a La Habana, salió dando un portazo de la embajada cubana, amenazando con matar a Kennedy. Los cubanos no le dieron mayor importancia al exabrupto. Y para la CIA que vigilaba, la visita de Oswald fue como "un simple parpadeo en la pantalla de radar de la estación espía": una especie de turista aventurero, algo bravucón e inofensivo. Desde luego sin ninguna conexión seria con las embajadas de Cuba y Unión Soviética, a la que también visitó. Los miembros de la Comisión Warren que visitaron México tampoco vieron el origen de una conspiración en el corto viaje.
De todas formas, había que descartar de una vez por todas la posible intervención de los hombres de Fidel en el asesinato. Y aquí hay que referirse a un episodio poco conocido: se trata de un viaje de William Coleman -abogado de la Comisión Warren- hacia Cuba para entrevistarse en el verano de 1964 con Fidel Castro. Éste y Coleman se encontraron a unos 30 kilómetros de Cuba, en el yate del líder cubano. La cita fue pedida por Castro. Duró tres horas, en las que el líder cubano negó cualquier implicación en el asesinato. A su vuelta, Coleman declaró a Warren: "No descubrí nada que me llevara a pensar que hay pruebas de que Fidel lo hiciera". El punto final lo pone un borrador desclasificado del Comité del Congreso (HSCA), que en 1978/79 volvió a analizar el magnicidio: "El Comité no cree que Castro haya asesinado al presidente Kennedy, porque semejante acto, si se descubriera, le hubiera otorgado a Estados Unidos la excusa para destruir Cuba. El riesgo no hubiera valido la pena".
Así, pues, me temo que los papeles desclasificados no aportan nada espectacular sobre el asesinato. El gran protagonista seguirá siendo Lee H. Oswald, por más que se le intente poner en el centro de no demostradas y fantasmales conspiraciones.

Rafael Navarro-Valls es vicepresidente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España.

Amigos de verdad.






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sábado, noviembre 04, 2017

Gracias Benedicto!!!!!







“Benedicto XVI es grande por su importante contribución a la teología, grande por su amor a la Iglesia y a los seres humanos, grande por su virtud y su religiosidad. Agradezco a Dios por el regalo hecho a la Iglesia, por la existencia y el Pontificado del Papa emérito Benedicto XVI".
Papa Francisco

miércoles, noviembre 01, 2017

Mensaje del Prelado del Opus Dei 1 de noviembre.





Mensaje del Prelado (1 noviembre 2017)

Sí, es posible estar contentos en medio de incertidumbres, problemas, preocupaciones... Transmitamos a todos la alegría que Dios nos da.
CARTAS PASTORALES Y MENSAJES
Opus Dei - Mensaje del Prelado (1 noviembre 2017)
Todos los Santos es la fiesta de la santidad discreta, sencilla. La santidad sin brillo humano, que parece no dejar rastro en la historia; y que, sin embargo, brilla ante el Señor y deja en el mundo una siembra de Amor de la que no se pierde nada. Al pensar en tantos hombres y mujeres que han recorrido ya ese camino y ahora gozan de Dios, recordaba unas palabras de la oración de san Josemaría: «Yo me pregunto muchas veces al día: ¿qué será cuando toda la belleza, toda la bondad, toda la maravilla infinita de Dios se vuelque en este pobre vaso de barro que soy yo, que somos todos nosotros? (...). Y entonces me explico bien aquello del Apóstol: “ni ojo vio, ni oído oyó...” (1 Cor 2,9) Vale la pena, hijos míos, vale la pena».
Somos pobres vasos de barro: frágiles, quebradizos. Pero Dios nos ha hecho para llenarnos de su felicidad, para siempre. Y ya ahora en la tierra, nos da su alegría para que la transmitamos a todos. Sí, es posible estar contentos en medio de incertidumbres, problemas, preocupaciones. Decía la Madre Teresa de Calcuta: «el verdadero amor es aquel que nos causa dolor, que duele, y a la vez nos da alegría». Acompañemos también con nuestra vida y nuestra oración a aquellos difuntos que, aunque sufren porque su “vaso de barro” no está aún preparado para toda esa belleza de Dios, tienen ya la alegría de saber que Él les está esperando en el cielo.
Roma, 1 de noviembre de 2017